
Desde el avión, la tarjeta de presentación de San Andrés es su mar de siete colores que alberga peces coloridos y corales rebosantes de vida que encantan a los viajeros. Después de una tarde de playa y compras en el puerto libre, la noche se presenta con fuerza para llenar de música y baile el ambiente.
Una Isla que desborda cultura
No se sabe en qué año llegaron los holandeses quienes se dedicaron a la agricultura. Después llegaron los irlandeses e ingleses, para finalmente empezar una lucha contra los españoles para conservar la isla. En medio de los ires y venires del Pirata Morgan de Jamaica a San Andrés, algo de la cultura antillana también se quedó en San Andrés.
En las calles se les oye hablar creole: mezcla de inglés isabelino, español y dialectos africanos; también hablan español e inglés moderno, así que la comunicación con los viajeros es muy sencilla. Esta reunión cultural dejó una huella en la música entre la cual se encuentran el reggae, raga, soca, calypso, merengue y salsa. Todo tipo de música para todo tipo de bailarín.
Como parte del cuidado de la cultura, algunos isleños han creado parques eco turísticos como la Granja de Job Saas y el Parque West View, donde los guías hablan no sólo de la naturaleza sino de las costumbres y los valores que preservan a través de estos proyectos. Con ellos es posible conseguir artesanías en coco y totumo, típicas de San Andrés.
Johnny Cay: playas para la serenidad

Johnny Cay es destino de sol, playa y música para dejarse llevar por el ritmo isleño. La playa es perfecta para caminar hasta darle la vuelta a la isla. en algunas áreas sobresalen exóticas formaciones coralinas que hace unos hermosos pozos de agua que reflejan el cielo azul, hasta fundirse con el mar mismo.
Fuente: colombia.travel